第二章:ニコリスキル
Daigo se había perdido. Salió un momento, para
buscar a Annette, creyendo que recordaría cómo regresar. Que equivocado estaba.
Para empeorar las cosas, no entendía los carteles, que estaban en español y
código braile... o sea que es más facil ser ciego que extranjero.
Pronto algo le llamó la atencion. Vio un cartel de
la banda que acababa de ser pegado en la pared. Correspondia al single Rusty
Hearts. Frente a él, se habían detenido dos muchachos, que llevaban una cajas.
Las dejaron a un costado para poder contemplar ese poster, diciendo frases que el
vocalista no podía entender, pero le pareció que hablaban en tono
entusiasta.... o de manera burlona, no sabía precisarlo.
En un momento, estos muchachos se vuelven hacia él,
aparentemente molestos por sentirse observados, pero... no tardan en
reconocerlo. Uno de ellos saca su movil para tomar una fotografia, lo que de
inmediato enciende un motor en Daigo. No demoró mucho para que, aunque no
hablaban el mismo idioma, terminaran en una sesion de fotos de lo mas
desopilante.
Shinpei: (aparece de repente) Daigo, te estaba
buscando.
Los muchachos apuntan a Shinpei con la vista fija en
el vocalista, como si le preguntaran si se trataba de otro miembro de la banda,
y al encontrar una respuesta positiva, se le acercan para, como con Daigo, hacer
algunas capturas. El guitarrista acepta extrañado, pero no consiguen de él mas
de dos fotos cerca del poster.
Shinpei: Bueno, es mucho por un dia.
Daigo: No seas antipático...
Shinpei: Tenemos que volver al ensayo. Akihide y
Nikori se quedaron allí solos, y seguramente los miembros de soporte ya...
Ven de repente a dos muchachos correr echando gritos
de miedo. Un vampiro, un vampiro, repetían aterrados. Aparentemente salian de
la sala de ensayos, lugar al que ambos, vocalista y guitarrista, junto con los
jovenes que les pidieron la fotos, se dirigen a prisa.
Allí, momentos antes, Nicole se había desmayado,
producto de un estado nervioso. Akihide, de cuclillas a su lado, intentaba
samarrearla para que vuelta en si, pero hasta ahora resultaba totalmente
inútil.
Voz cerca de Akihide: Deberías intentar con respiración boca a boca?
Voz cerca de Akihide: Deberías intentar con respiración boca a boca?
Akihide: Pero no sé primeros auxilios... (Como le
resulta extraño, observa a un costado y casi salta del susto) A... Anetto...
¿Qué hacés aquí?
Annette: Había ido a buscar el mate y volví. ¿Me
extrañaron? ¿Qué pasó con Nikki? ¿Dónde están los demás?
Akihide: Creo que Daigo fue a buscarte y Shinpei fue
tras él. La otra chica tenía que hablar de algo con el organizador... Y esta
chica simplemente se desmayó. Se había lastimado el dedo... y se desmayó.
Annette: (revisa las manos de Nicole y se vuelve
hacia Akihide) ¿Le chupaste el dedo?
Akihide: (sorprendido) ¿De qué hablas?
Annette: No me sorprende que se haya desmayado. Aquí
lo consideramos antihigiénico y de mal gusto, además la pobre Niki es muy
nerviosa.
Akihide: Entiendo... Y como la despertamos?
Daigo: (entra rápidamente) Anetto-chan, apareciste.
Shinpei: (apuntando a Nicole) ¿Y a ella que le pasó?
Akihide: Se desmayó... Y no sé primeros auxilios...
Daigo: Shinpei sabe.
Shinpei: (con todas las miradas sobre él) Si,
supongo que depende de mí, ¿no? (comienza a acercarse a Nicole, pero esta
despierta de repente)
Nicole: (intentando incorporarse) Ya estoy bien,
estoy bien.
Annette: Nikki, que bueno que despertaste (corre
hasta ella y la abraza para hablarle al oído) Querías la reanimación, ¿verdad?
Nicole: (por lo bajo) No era mala idea aprovechar la
situación.
Annette: (se separa de ella) Traeré agua para que te
repongas. (Se va)
Nicole: (a
los muchachos, notando que Annette dejó el equipo allí) ¿Quieren que les haga
probar el mate mientras esperamos a Annette, Juana y los miembros de soporte?
Akihide: (Severamente) No, (indica una silla)
sentate allá y quedate quieta.
Nicole: (encogiéndose de hombros) Ok... (Va hasta la
silla que indicó Akihide)
Daigo: (al pelilargo) Hey, tranquilo. No la trates
así.
Shinpei: Si, no seas duro con la muchacha.
Akihide: No quiero que vuelva a desmayarse... Terminaría
causándonos más problemas.
Daigo: No sé porque estamos esperando, los miembros
de soporte no vendrán.
Shinpei: Supongo que esperamos a Hoana, porque esos
dos huyeron mientras gritaban que habían visto un vampiro.
Akihide: ¿Ese par de idiotas son los miembros de
soporte?
Shinpei: ¿También te topaste con ellos?
Akihide: Creyeron que yo soy el vampiro.
Daigo: A veces, hasta yo me lo pregunto...
Juana: (entra antes de que Akihide pueda contestar)
¡Esto es terrible! Los miembros de soporte apenas llegaron, abandonaron el
lugar. Están tratando de localizarlos. Pero me dijeron que tenemos la mañana
libre. (revisa la sala con la vista) ¿Annette no regresó?
Los seis fueron hasta la camioneta que tenían disponible
para movilizarse por la ciudad, y abandonaron la rural en dirección a la
peatonal Florida, a unas cuadras del hotel en el que hospedaba la banda. Ya les
había mencionado que hacía calor en medio del otoño, y la gente aprovechó para
salir, así que para las muchachas, el paseo estaba lleno, pero para los tres japoneses
había medio vaso lleno: Toda esa masa de personas no se comparaba con las grandes
aglomeraciones de solitarios en Japón.
Nicole: Si, pero fue por un vaso de agua.
Annette: (aparece atrás de Juana) ¿Todavía no llegan
los miembros de soporte?
Juana: No vienen ni lo harán. Desparecieron… ¿Serán
parientes tuyos?
Annette: Escuché que huyeron por ver a un supuesto
vampiro, así que creo que son más parientes tuyos que míos, o que se cayeron de
la cuna.
Juana: (entrecerrando los ojos, con sarcasmo) Jajah.
Annette: (sonríe como si nada y se dirige a todos en
japonés, mientras atraviesa la sala para alcanzar el agua a Nicole) Entonces
tenemos la mañana libre. Podemos llevar a los muchachos a dar un paseo.
Daigo: (entusiasmado) ¡Sí! ¡Vamos a dar un paseo!
Los seis fueron hasta la camioneta que tenían disponible
para movilizarse por la ciudad, y abandonaron la rural en dirección a la
peatonal Florida, a unas cuadras del hotel en el que hospedaba la banda. Ya les
había mencionado que hacía calor en medio del otoño, y la gente aprovechó para
salir, así que para las muchachas, el paseo estaba lleno, pero para los tres japoneses
había medio vaso lleno: Toda esa masa de personas no se comparaba con las grandes
aglomeraciones de solitarios en Japón.
Juana: (una vez que todos han descendido y el
conductor se marcha a buscar un estacionamiento) Bien… ¿a dónde quieren ir?
Akihide: Yo quiero ver instrumentos musicales de
esta región.
Daigo: Yo quiero ver ropa típica. Se me está
ocurriendo una excelente presentación
Shinpei: (sacando un cuadernito) Tengo una lista de
comida que quiero probar.
Annette: Nicole sabe dónde quedan las tiendas de
música, así que ella puede llevarte, Aki-sama. Y con la ropa tradicional, yo
puedo ayudarte, Daigo-sama.
Juana: (por lo bajo, en español) Un momento… ¿me
quieren dejar sola con el de lentes?
Annette: Ya es hora de que mejoren su relación. (Alto)
¿Vamos?
Daigo: (entusiasmado) Si, quiero ver esa ropa. (Se
van)
Akihide: (mientras, a Nicole) ¿De verdad sabes dónde
puedo ver esos instrumentos?
Nicole: (Nerviosa) No lo sé… ¿en el país de origen?
(apunta hacia otro lado) Ahí hay un instrumento del sur… es una Trutru… trutru…
ka… la llaman la trompeta mapuche.
Akihide: (observa la… trutruca –que me recuerda inevitablemente a tutuca…ok,
no) Ahh, ya veo. En verdad estoy sorprendido, pensé que eras una pobre tonta,
pero ya veo que sabés mucho de instrumentos musicales.
Nicole: (aparentemente calmada) En la próxima
manzana hay una gran tienda donde tienen de todo. Seguime. (También se van,
aunque Akihide no parece muy convencido)
Shinpei: (a Juana, pasándole el cuadernito) Estas
son todas las comidas que tenés que mostrarme.
Juana: Esto no es justo… (comienza a leer,
intentando entender a qué se refería cada nombre en katakana) Hay cosas que no
puedo conseguir hoy… (lee con atención) ¿De dónde sacaste esta lista?
Shinpei: Busque en internet… en el lentísimo
internet de aquí.
Juana: ¿Cómo puede ser que te aparezca Chipa?
Shinpei: Dice que se consigue aquí, así que no tenés
excusas.
Juana: Bueno… Churros y alfajores podemos
conseguirlos en el mismo lugar. Vamos…
Para llegar a una panadería que Juana conocía,
tuvieron que salir de la peatonal momentáneamente. Pero entraron justo en la
hora en que sacaban a la venta la segunda tanda de pan de la mañana, y ese
aroma inundaba el lugar… una nueva razón para que la muchacha de lentes se
arrepienta de ser guía de Shinpei. “Voy a salir de aquí con tres kilos más”,
decía para sus adentros en español. El guitarrista notaba esto parcialmente,
pero como a él le parecia una tontería, no desperdiciaria la oportunodad de
usarlo para divertirse.
Cuando entraron, estaba tras el mostrador una
muchacha morocha, de cabello largo y flequillo recto, que, en todas las veces
que fue hasta allí, Juana jamas había visto. Ella sabia que el local era
atendido por sus dueños, pero no resultaria raro que hayan contradado a una
empleada.
Esta muchacha, cambio lentamente su expresión cuando vio entrar a Shinpei... aparentemente, su presencia la incomodaba. Ya somos dos, penso la joven de lentes.
Esta muchacha, cambio lentamente su expresión cuando vio entrar a Shinpei... aparentemente, su presencia la incomodaba. Ya somos dos, penso la joven de lentes.
Muchacha: (con voz temblorosa) Eh... Buenos días...
¿Qué necesitan?
Inesperadamente, por la puerta principal aparece
otra joven, más alta y delgada, de cabello castaño y piel impecable. Al parecer
no notó que Shinpei y Juana estaban ahí, pues comenzó a hablar con la chica que
atendia el local sin tapujos.
Muchacha 2: (acento español muy notable) Hermanita,
estoy cansada… Fue difícil, pero la encontré. Está usando una peluca para
disimular quien es…
Muchacha 1: Que no soy tu hermana… y hablaremos de
eso después, que ahora hay gente en el local. (se vuelve hacia Juana) ¿Qué
necesitan?
Juana: Churros, en lo posible que no sean rellenos.
Muchacha 1: (dirigiéndose hacia un lado del mostrador y agarra unas pinzas para pan) ¿Cuántos va a llevar?
Muchacha 1: (dirigiéndose hacia un lado del mostrador y agarra unas pinzas para pan) ¿Cuántos va a llevar?
Juana: (a Shinpei) ¿Vos pagas, verdad?
Shinpei: Por supuesto.
Juana: (a la muchacha) Entonces… una docena. (revisa
el cuadernito con la vista) Y también te voy a pedir otras cosas.
Por otra parte de la ciudad, a unas dos cuadras de allí, Nicole había
llevado a Akihide a una tienda de música, donde además de CD’s, vendían instrumentos
musicales. La noche anterior había buscado en internet datos sobre el asunto,
pues suponía que el guitarrista querría conocerlos en primer lugar, pero ahora
su mente estaba en blanco. Después de todo lo que pasó antes, incluido su
desmayo (que le sirvió para acomodar unas ideas), una parte de ella intentaba
mantener el control, mientras la otra quería salir corriendo, y una tercera
flotaba en las nubes por el hecho de que su ídolo, dejando de lado que la había
tratado de inútil, se preocupó por la herida de su mano e intentó curarla de un
modo poco convencional. Y riesgoso para su salud cardíaca. Y mientras ella se
debatía entre estas sensaciones, Akihide, un poco aburrido y cansado de esperar
a que ella decida hablar, ya creía que al caer desmayada, se golpeó la cabeza y
justamente ese golpe agravó su frágil estado nervioso.
Akihide: (al ver un instrumento que le llama la atención, lo indica) ¿Qué clase de flauta es esta?
Akihide: (al ver un instrumento que le llama la atención, lo indica) ¿Qué clase de flauta es esta?
Nicole: (vuelve a la realidad) Ah… Es una quena. Es
una flauta del altiplano.
Akihide: (desconcertado) ¿El qué?
Nicole: De la zona noroeste. Pero no sé como se
toca. (lanza una risa nerviosa y se acerca a un aparador) Este es un bombo
criollo. Hecho con cuero vacuno... y... (intenta recordar) el origen de esta
variedad viene del norte también.
Akihide: (mira el bombo con suma atención) Omoshiroi… (observa otro instrumento que le
llama la atención) ¿Y qué es esa cosa? Parece hecha con un caparazón.
Nicole: Ah… no pensé que encontraríamos de estos… Es
un charango, pero en versión local, porque el europeo es de madera. La caja de
este es de caparazón de un animal llamado quirquincho… que una vez vi en el
zoológico, por que por aquí no hay de esos. Son animales del norte… y en el sur
los llaman piche.
Akihide: ¿Hay algún instrumento de esta zona, o del
sur? Hasta ahora, solo ví del norte.
Nicole: Si, claro. (busca con la vista rápidamente y
se acerca a una vitrina) Este es un bandoneón. Llegó a nuestro país con los
inmigrantes alemanes…
Akihide: (interrumpe con un gesto de la mano)
Lamento contradecirte, pero es un acordeón… que fue inventado en Polonia.
Nicole: El acordeón es polaco –supongo–, pero el
bandoneón es alemán, y lo trajeron los inmigrantes.
Akihide: ¿Y es qué se diferencian?
Nicole: (Nerviosa) No lo sé… ¿en el país de origen?
(apunta hacia otro lado) Ahí hay un instrumento del sur… es una Trutru… trutru…
ka… la llaman la trompeta mapuche.
Akihide: ¿Mapu qué?
Nicole: (hace memoria rápidamente) Mapuche es el
pueblo indoamericano que vive en el sur de Argentina y Chile.
Akihide: (observa la… trutruca –que me recuerda inevitablemente a tutuca…ok,
no) Ahh, ya veo. En verdad estoy sorprendido, pensé que eras una pobre tonta,
pero ya veo que sabés mucho de instrumentos musicales.
Nicole: (pone cara de gatito abandonado) ¿Una pobre
tonta?
Akihide: (apenado y nervioso) Quise decir que… ya no
pienso que sos tonta… (La cara de ella se torna más afligida) Lo siento, sos
más inteligente de lo que pensaba… No es para que me mires como si fuese un
monstruo.
Nicole: (apenada por ver que, al igual que ella,
Akihide también se puso nervioso) Tranquilo… no te veo como si fuese un
monstro, sos muy guapo para eso… (Intenta corregirse) Quise decir… que estás
muy bien conservado. Hasta pareces más joven que yo… (Akihide en vez de
nervioso se torna levemente irritado) No, no quise decir eso…
Akihide: Me agradabas más cuando estabas desmayada…
En fin, ¿podrías hablar con algún vendedor? Me interesa comprar uno de los
instrumentos que me mostraste.
Nicole: Está bien… Y se me hace raro que nadie nos
haya atendido…
Entre tanto, dos de los muchachos se habían
desocupado de sus compras y esperaban a los demás sentados en uno de los bancos
de la peatonal, el único que habían encontrado libre. Se trataba de la pareja
cuatrojos (si, les puse ese nombre, jajajah ;P). Los dos permanecían en
silencio. Juana pensaba en lo que había sucedido antes de que realizaran sus
compras en la panadería, y el guitarrista de lentes se deleitaba degustando los
dulces que había comprado. “Está usando una peluca para disimular quien es…”
Esa frase no salía de la mente de la joven castaña. ¿Sería acaso una
coincidencia, o hacía bien en extrañarse de ello?
Shinpei: (comiendo alegremente) Que rica es esta
dona salada…
Juana: Es chipa, y fue un milagro que la hayamos
conseguido, así que masticala con la boca cerrada. (recuerda lo que pasó en la
panadería) ¿No te pareció extraño lo que dijo una de aquellas chicas?
Shinpei: Si, fue
rarísimo (Juana lo mira con atención, creyendo que dirá algo interesante) Sobre
todo porque no entiendo ni una palabra de español.
Juana: (irritada)
¿Sabés que te caería bien? Un rayo.
Shinpei: Vos sos la
tonta. Y ya que me causaste la intriga, explícame de qué estás hablando.
Juana: No soy
tonta, solo me distraje. Pero no te voy a decir nada… (ve que Shinpei le ofrece
un churro) Bueno… una dijo que… reconoció a una chica con peluca… a una chica
que intentaba camuflarse. Y no pude evitar pensar en Annette.
Shinpei: Es una
ciudad con tan poca gente, no me extraña la coincidencia. Pero no creo. Te
volviste loca.
Juana: (irritada)
¿Podés tomarme enserio por una vez?
Shinpei:
(intentando molestarla) Pues… si eso es una propuesta, te aclaro que tengo
lentes de sol, pero no estoy ciego.
Juana: (aún más
irritada, le da la espalda) No me hables hasta que lleguen los demás.
Shinpei: (apunta
hacia el frente) Ahí vienen Daigo y Anetto-chan.
Daigo: (luciendo
con alegría el sombrero y el chaleco que compró) Soy un guacho.
Shinpei: ¿Nannika?
(qué?)
Juana: Doshite?
(por qué?)
Daigo: Porque uso
ropa tradicional de guacho. Soy un guacho japonés.
Annette: (se golpea
la frente, y no sabe si reír o llorar) Daigo-sama… la palabra es gaucho. Guacho
significa otra cosa.
Juana: Ya pensé que
se había vuelto loco…
Nicole: (ella y
Akihide llegan con un poco de prisa) Lamentamos el retraso. Aki-sama compró un
instrumento y pidió al encargado que le enseñe trucos básicos para usarlo.
Akihide:
(observando su flamante charango) Espero que la aduana me lo deje pasar. Sé que
las leyes de importaciones aquí son muy estrictas.
Annette: (tocando la caja del charango) Está muy
bonito… y creo que solo restringen los aparatos electrónicos.
Juana: (triste) ¿Por
qué le pediste un instrumento por el cual mataron a un animal indefenso?
Akihide: No… El
encargado me dijo que este piche falleció de causas naturales.
Annette: (mientras
Akihide respondía, hace un gesto que indica “chamuyo” [chamuyar es hablar o
escribir con intención persuasiva, pero falazmente o sin argumentos sólidos]) ¿Y
te creíste eso?
Akihide: El
encargado es una persona agradable y de mucho respeto, no tiene por qué
mentirme.
Las tres comparten
una mirada sentenciosa, dándose cuenta de que sería mejor prevenir sobre
sucesos de esa naturaleza a los muchachos, pues ellos, acostumbrados a la
sinceridad japonesa, podían pecar de ingenuos. Unos minutos después, la
camioneta llegó para llevarlos al hotel nuevamente, donde los esperaba el menú
para el almuerzo.
Por la tarde:
La muchacha de
cabello negro se encontraba cerrando la panadería de sus padres mientras
esperaba a la joven castaña que durante la mañana había pasado por allí. En el
trayecto a su casa, a unas pocas cuadras de distancia, hablarían sobre el tema
que dejaron en suspenso debido a la cantidad de clientes.
Muchacha 2: (llega
agitada) Lamento el retraso. Los tíos de aquí sí que son pesados.
Muchacha: Está
bien, justo terminé de cerrar. Pongámonos en macha, Mika. Quiero que me contés
que pasó esta mañana.
Mika: Pues… Que
Annette se puso una peluca. Eso me ha cogido desprevenida…
Muchacha: No uses
esa palabra acá.
Mika: Vale, siempre
olvido que ustedes piensan en coños más que nosotros. Te decía que me costó
reconocerla con ese cambio, pero su forma de caminar la delató. Siguiéndola
pude encontrar a la banda. ¿Nuestra hermana se comunicó contigo para explicarte
el asunto?
Muchacha: Lo único
que sé es que tenemos que acercarnos a ellos con cautela, pero dejar que sospechen
de nosotras. Así nuestra hermana puede llegar hasta ellos sin ser descubierta.
Mika: Vale, pues. Nosotras
somos la pantalla de humo. Ya quiero ver cuando nuestra hermana lo haga. Joder,
esto es en verdad es excitante.
Muchacha: Tampoco
podes usar esa palabra. No estás en España.
Mika: (se acomoda
el pelo) Estas visitas siempre atentan contra mi libertad de expresión… pero la
familia es la familia.







