Nicole:
Y estaba un poco rara… Llevaba un chaleco con capucha, y la tenía puesta. Hasta
parece que se estaba camuflando…
Shinpei:
(él y Juana comparten una mirada) ¿Camuflando?
Daigo:
Ayer también parecía eso… Annetto–chan tendrá delirio de persecución.
Akihide:
No se preocupen, me la encontré antes de que se vaya y me dijo que hoy tenía
que trabajar. Es todo.
Nicole:
(dándose cuenta) Es cierto… Hoy le iba a tocar trabajar porque es el Dondoh
Masturi. Tal vez sería bueno si vamos a verlo.
Juana:
Es cierto, podríamos ir. Además, no hay nada mejor que hacer un domingo por la
tarde.
Shinpei:
Y… ¿Ahí van a servir comida japonesa?
Juana:
Si, y se va a celebrar la ceremonia del té. Pero porque piensan en comida, si
en una hora tienen que almorzar aquí…
Mientras
hablaban, el mate pasaba de mano en mano, aunque todavía causaba cierta
incomodidad en los japoneses. Estos, aprovechando la información que habían
recibido, decidieron que en vez de almorzar en el restaurante del hotel, irían
al jardín japonés a comer la comida que ya extrañaban (después de solo dos días).
Aquí ya se les hacía raro la poca variedad de ingredientes, el escaso
condimento, sumado a que el menú contaba con recetas de muchas partes del mundo…
excepto de donde ellos venían.
Por la
insistencia de la banda, Juana accedió a preguntar al encargado, pues ella no
podía actuar por su cuenta totalmente, y para su sorpresa, él decide aceptar de
muy buena gana, dejándole la camioneta a su disposición. Probablemente
continuaba arreglando los últimos detalles antes de que comience el evento y no
tenía cabeza para otra cosa. En fin, la joven de lentes se dirigía a los
ascensores desde el hall de entrada, pero una extraña sensación la detiene…
regresa dos pasos y voltea hacia atrás, quedando totalmente horrorizada. Del
otro lado del ventanal podía ver a… a una de las chicas que aparentemente
hablaban sobre Annette el día anterior. Al sentirse observaba, parece esbozar
una sonrisa antes de irse. Luego desapareció de su vista...
Juana
sintió sus huesos congelados, como si estuviese viendo a la niña salir del pozo
[referencia a una película japonesa de terror], los ojos abrirse desmesuradamente
y sucesivos escalofríos recorrer su cuerpo. Sus sospechas si tenían fundamento
después de todo. Esas chicas siguieron a Annette, pero desde el principio la
joven de lentes intuyó que ella no era
el verdadero objetivo. Si llegaron hasta el hotel, es porque… ¡Van detrás de la
banda!
Nuevamente,
otro movimiento llama su atención. Primero pudo ver a la chica alta, esbelta y
de cabello castaño a través del ventanal, pero la muchacha que atendía el local
el día anterior… ¡estaba dentro del hotel! Mantenía una conversación extraña con el chef, en la que ella parecía tenerle miedo. Esas dos... Esas dos que habían seguido a Annette... no se andaban con rodeos. Solo les faltaban las sogas para secuestrarlos... ¿Sería eso posible, o su imaginación volaba mas allá de lo que hubiera podido?
Juana, apenas ve al encargado, quien iba de salida, se le acercó rápidamente para preguntar que hacía allí esa muchacha, y el hombre le contestó que, según lo que él sabía, el restaurante del hotel había decidido cambiar la panadería con la que tenía trato, y eligieron el lugar donde había llevado a Shinpei el día anterior. Entonces era una casualidad... así que sería mejor que no la vean a ella ni a los muchachos.
Shinpei: (se acerca a Juana y corta sus pensamientos) Hey... ¿esa chica que esta ahí no es...? Deberías hacer algo al respecto.
Juana: Ya pregunte, y no podemos hacer nada por ahora. El lugar al que fuimos ayer es responsable ahora de surtir pan al hotel. A diferencia de Japón, aquí el pan es casi imprescindible.
Shinpei: Si, lo sé. Akihide me explico que para ustedes es lo mismo que el arroz para nosotros.
Juana: (extrañada) ¿Cómo es que él sabe tanto de todo? (cambia de tema) En fin, avísale a los demás que el señor García no tiene problema en que los llevemos al Dondoh Matsuri, así que suban a cambiarse que en un rato vamos para allá.
Shinpei: Daigo y Akihide estaban seguros de que no habría problema, pero decidí bajar a preguntar de todas formas (da media vuelta y se dirige al ascensor)
La muchacha de lentes continuaba muy nerviosa a pesar de que ya no veía a aquellas misteriosas chicas en la recepción. Su presencia la había incomodado de sobremanera, y una parte de ella quería pensar que estaba imaginando cosas, pero... una voz dentro suyo le gritaba que no estaba errando. "Fue difícil, pero la encontré. Está usando una peluca para disimular quien es…"; "Y estaba un poco rara… Llevaba un chaleco con capucha, y la tenía puesta. Hasta parece que se estaba camuflando…"; "Ayer también parecía eso"... ¿Era posible? lo peor de todo eso, sin embargo, era que la única persona con la que podía compartir sus inquietudes al respecto era con Shinpei...
Había pasado aproximadamente media hora hasta que por fin los muchachos se encontraron con Nicole y Juana en el hall de entrada. Y sus vestimentas las dejaron con la boca abierta... Esos tipos habían traído batas japonesas, y ¡pensaban llevarlas por la ciudad!
Nicole: (ya que nadie rompe el silencio) Ehhhh, oigan, esos trajes son fantásticos, pero... ¿En verdad van a ir así vestidos?
Daigo: No veo problema, vamos a un matsuri.
Akihide: Te lo advertí, te advertí que no estamos en Japón para vestirnos así.
Shinpei: Seguramente habrá mas gente vestida como nosotros, ¿verdad?
Juana: No lo creo... Pero a lo mejor les dejan entran gratis. (Justo llega la camioneta) Vamos.
Los cinco suben al vehículo, y este se pone en marcha para atravesar un recorrido que les toma aproximadamente media hora. Durante el trayecto, con su nerviosismo característico, pero notoriamente menos alerta, Nicole comentaba a Akihide cómo se desarrollaban los Dondoh Matsuri a los que había asistido, mientras que Juana, con toda la paciencia que tenía disponible, explicaba a Shinpei qué comidas se servirían y porque no habría mas variedad, prometiéndole que en algún momento visitarían un restaurante Japonés. Entre tanto, Daigo... estaba solo. Los dos días anteriores él conversaba con Annette, pero ahora ella no se encontraba allí. Al parecer, los otros cuatro se habían acostumbrado rápidamente, pues al principio sentía indiferencia entre ellos, cosa que no sucedía Annette. Los dos se llevaron bien desde el principio, a diferencia de los demás, así que... no era extraño que se sintiera un poco solo, observando a través de la ventanilla los edificios bajos, los carteles llamativos (los de ropa interior femenina le causaban mucha impresión).


Finalmente llegaron al Jardín Japonés, un pedacito medianamente oriental, donde trabajaban muchos occidentales. Las formas del lugar, las plantas, pequeños puentes y caminos les recordaban al país del sol naciente, pero... esos pequeños toque de occidente, como el agua de color marrón, le restaban encanto. Eso si, no hubo pase gratis por ser japoneses vestidos como japoneses.
Apenas entraron, recibieron un itinerrio completo de las actividades que se realizaban, junto con un mapa ilustrativo del lugar. Se estaba llevando a cabo un taller de origami, al que entraron por curiosidad. Mientras los demás observaban, Daigo no podía evitar buscar a Annette con la mirada, pero no se encontraba allí. Luego fueron a escribir sus deseos en las tablillas de madera, que luego colgaron en el árbol de metal. Tuvieron unos minutos para dar un paseo, aún sin rastros de la muchacha morocha, cuando los estómagos de los miembros de la banda comenzaron a cantar... Era hora de pasar al restaurante.


Allí los atendieron unas amables camareras, quienes no hablaban japones, lamentablemente para los muchachos, y por ello Juana y Nicole tuvieron que pedirles recomendaciones. El objetivo era probar, así que comenzaron con una ensalada avinagrada de hakusa y con algas, muy sabrosa y, de cierto modo, relajante para ellos. Antes que pedir el clásico sushi, decidieron degustar los Hot Maki, rolls calientes de frituras rápidas, que resaltaban por la frescura de sus rellenos crudos. Había una variedad de salmon rosado, kari kari, fukushima y tokushima; en sashimi o ahumado, con mango, palta o picante, que los dejaron bastante satisfechos. Cuando probaron el maguro tataki, un atún rojo sellado por fuera, crudo por dentro, se sintieron decepcionados porque no estaba tan crudo como debería, y al pedir una cortes explicación, las muchachas les revelaron que esto se debía a la aprensión porteña por la comida cruda. Eso les pareció aceptable, pues ya lo habían notado en el restaurante del hotel, y terminaron contentándose de todos modos, ya que las geishas remataron la velada haciendo honor a su nombre: consistían en una delicada fritura de langostinos envueltos en finas lonjas de lenguado y masa filo, con salsa especial.
Daigo: (sale del restaurante, acariciando su barriga) Sugoi, estaba delicioso.
Akihide: Extrañaba la comida japonesa...
Shinpei: Pero uno se conforma con esta afortunada imitación.
Juana: Espero que eso de afortunada no signifique deficiente.
Akihide: En parte si lo es. Nosotros somos japoneses, y sabemos como se cocina...
Daigo: Vos no podes ni hacer un gohan [arroz al vapor].
Akihide: No me refería a es...
Shinpei: (interrumpiendo) Ni un té verde.
Akihide: Pero yo quería decir qu...
Daigo: Además, odias comprar comida del combini.
Akihide: (comienza a sentirse irritado) Estaba hablando de...
Nicole: (antes de que vuelvan a interrumpirlo) Wakarimashita [entendí en pasado positivo formal]. Sentía lo mismo si fuese a Japón y probara asado.
Daigo, Shinpei y Juana: (al unísono, entendiendo también) Ahhhh...
Nicole: (extrañada) ¿Juana?
Juana: Pensé que lo dijo porque sabía cocinar.
Repentinamente, la conversación fue interrumpida por una voz que, a través del parlante, anunciaba que comenzaría la exhibición de Taiko. Seguían sin ver rastro alguno de Annette.
Los muchachos y nuestras dos protagonistas se dirigieron a la entrada del Jardín para observar el espectáculo. Los miembros de la banda sentían muchas ansias por ver que tan diestros era los argentinos con los grandes tambores, ya que la comida los dejó bastante conformes, a uno más que a otro. Y resultaron ser muy buenos, coordinaban tan simétricamente que hasta parecían asiáticos. No dudaron ni por un segundo en aplaudir cada interpretación, al igual que las chicas, especialmente Juana. Si ella pudiese, estaría allí, formando parte de la compañía, con los trajes negros y rojos... Pero los requerimientos de la vida diaria la obligaron a desistir una vez que lo intentó.
Luego de la presentación, el grupo de Taiko inició el taller participativo, en el cual el público podía experimentarla música tradicional con sus propias manos. Como podrán imaginar, Juana no perdió oportunidad de hacerlo, tampoco Nicole. Los muchachos se acercaron con curiosidad, pero Daigo empezó a alejarse poco a poco, pues le pareció que había visto a Annette y decidió seguirla sin pensarlo demasiado. Cuando se dio cuenta, estaba perdido otra vez. No sabía hacia adonde debía ir. Afortunadamente, los carteles esta vez estaban escritos en español... y en japonés. ¡Aleluya!
- Daigo sama... -murmuro una voz detrás suyo.
Daigo: (da media vuelta y se encontró con un rostro familiar) ¡Anetto chan! Te estaba buscando y me perdí.
Annette: (sacándose unos guantes llenos de tierra) ¿Viniste a ver el evento? Como hay muchos visitantes en el vivero, no pude desocuparme para acompañarlos.
Daigo: (apunta hacia atrás de ella) ¿Trabajas en el vivero? Debe ser muy aburrido.
Annette: (lanza una carcajada) Era esto o un callcenter. Gano menos que ahí, pero las plantas no se quejan ni me gritan, son bonitas, si las cuido bien me dan oxigeno...
Daigo: (sorprendido) Pero eso no es lo queres hacer con tu vida, ¿verdad? Vos pareces ser una chica inteligente, imagino que debes tener algún sueño, algo por lo que levantarte todos los días.
Annette: (titubeando) Te referis a una carrera... Bueno... tenía una. Pero no pude terminarla. Me vi obligada a trabajar para pagas los gastos de universidad, y cuando el dinero no escasea, el tiempo si. Al final termine trabajando para sobrevivir.
Daigo: Entonces... Vas a trabajar aquí toda la vida?
Annette: No, por supuesto. Supongo que lo volveré a intentaren algún momento. Pero soy de la clase de personas que ni sabe que es lo que cenara hoy. Tal vez compre algo de carne de camino a casa.
Daigo: Oye, tampoco se que vamos a cenar nosotros... (se le ocurre algo) Hey, Hoana chan prometió que nos llevaría a un restaurante asiático. Deberíamos ir todos...
Annette: (precipitadamente) No... es decir, no sé si tendré tiempo...
Daigo: Pero el evento termina a las seis, y aquí se cena a las nueve. Además, si vamos los seis juntos esta noche, podría ser divertido. Hoy me aburrí bastante y fue culpa tuya.
Annette: Bien... Supongo que una despedida no estaría mal.
Daigo: (extrañado) ¿Despedida?
Annette: Si... Tuve algunos problemas personales y ya no podré asistir a Juana. Pero ella y Nicole podrán hacerlo bien, no me necesitan para nada.
Daigo: Pero... eso no es justo. Voy a aburrirme mucho. ¿Hay algún modo de que soluciones tus problemas sin alejarte? Hoana chan y Nikori chan están siempre pendientes de Akihide y Shinpei, a mí no me hacen caso y me siento un poco solo.
Annette: (baja un poco la vista, pensando detenidamente que es lo que va a decir para excusarse, pero... era mejor no hacerlo) Es que... Por el bien de ustedes, preferiría no hacerlo. Durante todo el día de ayer, y quizás un poco antes creo... no, estoy segura, de que me estuvieron siguiendo. Y no creo que sea exactamente a mí. Algo me dice que soy una especie de carnada para llegar a ustedes.
Daigo: ¿A nosotros? ¿Y por qué a nosotros?
Annette: Yo no soy miembro de una banda de JRock que probablemente venga aquí solo una vez en la vida. (cambia de actitud) Tal vez Juana y Nicole ya se dieron cuenta. Me están siguiendo una chica alta, y castaña, y otra morocha de pelo largo. Antes de que puedan acercarse mas y averiguar donde están, quiero saber que es lo que quieren.
Daigo: (siente un frío detrás de la nuca) No... no estarás insinuando que podrían ser peligrosas, ¿o sí?
Annette: Si no lo fuesen, irían por un autógrafo directamente, ¿no te parece?
Daigo: Wakatta... pero vamos a vernos mañana en la apertura del evento. (acerca a ella su mano, con el dedo meñique extendido) Es una promesa.
Annette: (ríe) Claro que voy a ir, ya tengo la entrada. (enlaza el dedo meñique con el de Daigo, y le sorprende lo grande que es comparado con el suyo) Yooshi [promesa].
Mientras tanto, Akihide y Shinpei, quienes estaban acompañados por Nicole y Juana, recién se percataban de la ausencia del vocalista. Annette no era una buena influencia para él, pensaron las muchachas. Desde que la conoció, se le pego su costumbre de aparecer y desaparecer de imprevisto.
Como ya les había contado, que los carteles estuvieran escritos también en japonés ayudó a que pudiesen ir los cuatro por separado, acordando antes que se reunirían nuevamente cuando llegase la hora de encender las tablillas de madera, que sería también la hora de los fuegos artificiales.
Akihide, sin darse cuenta, había llegado hasta algo que aparentaba ser un combini de comestibles (un kiosko), pero estaba seguro de que Daigo no se encontraba allí, porque no era tan glotón y porque no podría pedir comida de ninguna forma. Además, había mucha gente alrededor. Si el vocalista estaba buscando a Annette, o si la encontró, ¿es que parte podían estar? Las muchachas habían dicho que la joven morocha trabajaba en el Jardín Japonés, pero no aclararon que tareas realizaba allí, pues eso le daría una idea de dónde tenía que ir a buscarlos. Como mesera en el restaurante no la había visto, y no parecía ser una cocinera, a menos que se ocupara de lavar los platos. O tal vez atendía ese negocio...

En tanto decidía por qué dirección debía ir ahora, encontró un accesorio para el cabello tirado en el piso y se agachó para recogerla. Pensó que debía entregarla a objetos perdidos, pero no tenía ni la mas remota idea de dónde quedaba... o si había alguna oficina de objetos perdidos. En Japón, si no encontraba una, podía llevarla a la comisaría mas cercana. Para ello, resultaría mejor reagruparse... pero, la dueña de ese accesorio llegaría para recuperarlo, así que sería mejor dejarlo allí. Iba a dejarlo exactamente en el mismo lugar en que lo había encontrado en el momento en que vio a una chica castaña, alta y de ojos verdes que se acercaba lentamente con los ojos hacia el piso, como si buscara algo. Aparentemente era la dueña del accesorio. Akihide avanzó unos pasos hacia ella, exponiendo la hebilla para que la joven la vea, lo que sucedió de inmediato.
Muchacha: Oh, mi hebilla. ¡Gracias por encontrarla! (de inmediato la coloca en su cabello)
[Nota: si el inglés no es correcto, quéjense con el traductor... My entender very poco]
Akihide: (desconcertado. piensa) ¿Qué dijo? No entendí nada... pero habla como Penélope Cruz... (a ella) Sorry, but I did not understand [lo siento, pero no te entendí]
Muchacha: (lo mira atentamente) Are you japanese? [¿sos japonés?]
Antes de que él pueda contestar, la muchacha recibe una llamada en su móvil, y decide contestar. Aunque Akihide no fuese una persona curiosa, le llamó la atención que. cuando esta chica extrajo el teléfono y la pantalla del mismo se iluminó... revelándole que la imagen de ID se correspondía con alguien conocido para él... o mejor, alguien conocida.
La muchacha se aleja para contestar, pero al cabo de un momento, regresa hacia él.
Muchacha: It was my sister. I'm sorry, but I have to go. Thanks for finding my buckle. (da media vuelta) Bye-bye. (se va).

Por su parte, Shinpei se acercaba al restaurante en el estuvieron hacía poco tiempo, pero ahora permanecía cerrado. Decidió caminar un poco mas, donde el camino de pasto intercalaba con bloques de piso, como si fuese un tablero de ajedrez. al final de ese camino, notó que había un vivero... ¿Sería malo entretenerse un momento curioseando las plantas del lugar? Avanzó hacia allí, y comenzó a llamarle la atención ver a una persona cerca de los arboles que estaban a un costado del vivero, como si se estuviese escondiendo. Se acercó sigilosamente, pues poco a poco la figura que había visto se tornaba mas nítida... hasta que la reconoció. Se trataba de aquella muchacha morocha de cabello largo, que había visto esa mañana dentro del hotel, la que estaba tras el mostrador en la panadería donde se produjo, junto a otra joven, una conversación sospechosa, según lo que dijo Juana. Y ahora estaba ahí, observando atentamente un poco mas allá. Shinpei podía escuchar débiles sonidos de obtuvador. Aparentemente, estaba tomando fotografías sin permiso. Él caminó hacia un costado con suma discreción para poder ver a que o quienes fotografiaba, notando que se trataba... de Annette y Daigo. ¿Ella los estaba espiando?
La muchacha continuaba realizando capturas sin percatarse de la presencia de Shinpei, quien aprovechó el no ser notado para acercarse rápidamente y, con mucha agilidad, arrebatarle el teléfono. La joven, quien casi salta del susto, al ver de quien se trataba, se encuentra paralizada.
Shinpei: What are you doing? This is harassment. Why you spy Daigo? [¿Qué estás haciendo? Esto es acoso. ¿Por qué espías a Daigo?] (como ella está muy sorprendida, él comienza a ver las capturas que realizó) See that's what you get ... [veamos que fue lo que conseguiste...]
La muchacha se abalanza sobre él, intentando recuperar su móvil, pero Shinpei la esquiva constantemente, pasando de captura a captura... hasta que la sorpresa de una de las imágenes que encuentra lo obligan a detenerse. Había... Había una fotografía en ese móvil de alguien que conocía. De una chica que conocía... Aprovechando esa distracción, la joven consigue recuperar su móvil sorpresivamente, y antes de que el guitarrista de lentes pueda quitárselo nuevamente, se aleja dando un salto y le grita "no toques mi teléfono... Hentai, hentai [pervertido, pervertido]"
Shinpei: (para sí mismo) Hentai... (se mira) Debe creer que bajo la yukata no tengo ropa interior... Pero como no estoy en Japón...
Annette: (acercándose) Shinpei-sama, ¿qué fue eso?
Daigo: Escuche que te llamaron pervertido.
Shinpei: Debe ser por la yukata. En fin, los estuvimos buscando, regresemos con los demás.
Daigo: (a Annette) ¿Ya podes irte?
Annette: Si, justo estábamos cerrando. Vayan hasta el yatsu bashi o el muelle. desde allí podrán ver la quema de las tablillas y los fuegos artificiales. Yo me lavo un poco, junto mis cosas y los alcanzó en un momento.
Los dos hombres se marchas primero, dejando que Annette se aliste antes de alcanzarlos. apenas cruzan el damero, se encuentran con Juana, quien justamente se acercaba por ese lado después de buscar en la biblioteca. Ella llama a Nicole, pues esta a su vez se había encontrado con Akihide, para que vayan hasta el muelle y los esperen allí.
Los seis pudieron reunirse justo a tiempo para el inicio de la quema de las tablillas, al ritmo del Taiko. Habían muchas cámaras esa tarde, y todos los flashes posaban sobre el espectáculo. Al igual que todos los ojos, especialmente de aquellos que, observando cómo se consumía el fuego, sentían que parte de ellos se purificaba... pero también miraban hacia un costado, recodando imágenes que les había tocado ver unos minutos antes, y que llenaban sus ánimos de desconfianza. Después de esa tarde, el grupo jamás volvería a ser el mismo.
[Aproximadamente a las 10 pm]
Gabriela: (sirviéndose un vas con agua) Nuestra hermana ya no puede dudar de lo mucho que la aprecio... tuve que superar mi androfobia y enfrentar a ese hombre.
Mica: (detenía su rutina de abdominales) Pues joder, me hubiese encantado verlo. Y echarte porras, claro. Pero lo importante es que cumplimos nuestra misión. Akihide vio en mi móvil la imagen de Juana como ID.
Gabi: Y Shinpei-san habrá visto las fotos de Nicole en mi celular. Seguramente ya desconfían de ellas.
Mica: Con Annette apartándose del grupo, y ellos desconfiando de aquellas chicas, no tardarán mucho en quedar desprevenidos... y nuestra hermana los cogerá por sorpresa. ¡¡¡Ha dado en la Madre!!!
Gabi: (ofrece a Mica otro vaso de agua) Brindemos por un trabajo bien hecho (chocan los vasos).
Mica: (entusiasmada) Ya quiero ver de cerca como pasa todo. Ya quiero verlo. (ríe a carcajadas)
つづく